I love Rubalcaba

Publicada el 11 de marzo de 2011 en El Día de Cuenca y otros, supongo.


Cuando el ministro dice que la factura del petróleo ha subido mucho parece que la paga él. Sin embargo, mi parte la pago yo. Las petroleras me trasladan las subidas directamente, incluso meses antes de que les lleguen a ellas, de manera que no le veo el sentido a los luminosos de las autovías que agradecen mi colaboración por ir más despacio. Por otra parte, la guardia civil ha desertado de los cuarteles y se ha acantonado en las cunetas, así que la gratitud resulta de una hipocresía que ni comparación con la de los enemigos de Mourinho. Si uno no se detiene a mitad de camino, no tarda mucho más en ir a Madrid con el nuevo límite de velocidad, aunque a veces el trayecto se hace complicado porque es tanto el miedo al exceso de gasto (en multas) que adelantar a cámara lenta parece más un milagro divino que una posibilidad física. De todos modos, solo los camioneros hacen el viaje de un tirón. Puede que el otro día ahorrase algo en combustible, pero me gasté el doble en cafés para mantenerme despierto. Y no era yo el único. El último bar estaba lleno de parroquianos somnolientos y algunos nos saludamos con la cordialiad de los reincidentes. Hicimos cuentas de lo que nos cuesta ahorrar entre los cafés y nuestra parte en la factura del cambio de señales y en el pago del descuento de los trenes de cercanías a media España y, resignados, nos deseamos suerte para los últimos kilómetros, sin gasolinera que nos fuera a proteger del tedio. El dueño del bar nos despidió, en fin, con el «I love Rubalcaba» que pudimos leer, cuando salíamos, en una pegatina de fabricación casera.

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