Franca minoría

Publicada el 20 de marzo 2009 en El Día de Cuenca y otros, supongo.


Dicen las crónicas que dice el Papa que hay que humanizar la sexualidad. Cada vez que se emplea la palabra «humanizar» se logra una frase bella pero esta vez al Papa le ha quedado muy feo. Como solo puede humanizarse lo que no es humano, el Papa admite que, en lo que a él respecta, la sexualidad es un componente animal de las personas. Un vestigio. Un elemento que deberia haberse perdido con la evolución pero que arrastramos con la misma penuria que el pelo en el pecho, tan inútil ya y tan pasado de moda desde la depilación por láser. En mi opinión, el Papa se equivoca. La sexualidad la tenemos muy humanizada. Los animales copulan por obligación, a fecha fija y con monotonnía mientras que nosotros lo hacemos por placer, cuando nos viene en gana y tratando de ser creativos. Nos gusta hacer el amor (valga la expresión) como nos gusta escuchar a Beethoven, cosa que si hace algún perro es porque el amo le obliga mientras le acaricia la testuz. Se diría que el Papa, que por oficio ha renunciado a esto de la sexualidad (por lo menos la compartida), sueña con un mundo en el que la reproducción humana se haga polinizando (la expresión es de una amiga mía) o por arte de magia. O, como se hace entre los animales, sólo para reproducirnos. Definitivamente, el Papa no entiende de esto ni un pimiento. ¿Pues no va y asegura que el condón agrava el problema del sida? Dice Celia Villalobos que el Papa sólo habla a los católicos y me pregunto yo si no está cometiendo un error de estrategia, porque como le hagan caso los católicos de África, van a quedar en franca minoría con respecto a los de otras religiones.


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