Desatención al cliente

Publicada el 5 de noviembre de 2010 en El Día de Cuenca y otros, supongo.


Si el ministro de Industria o la ministra de Consumo tuvieran que hacer personalmente las gestiones con Telefónica haría mucho tiempo que el servicio (por llamarlo de alguna manera) de atención al cliente (por respetar el nombre que le dan) habría cambiado. Pero como esas gestiones se las hacen sus secretarios a la voz de «el ministro quiere» y llaman a un sitio que no es el mil cuatro, las cosas andan como andan. La diferencia entre el oficinista K., protagonista de «El Castillo» o el agrimensor Joseph K., de «El proceso» y cualquiera de nosotros es solamente literaria. Quiero decir que Kafka inventó esos personajes y nosotros existimos de verdad. Si viviera hoy, Kafka no pasaría de ser un periodista de «Callejeros» en busca del disparate, así que debemos agradecer al siglo veinte haberle permitido vivir antes de la liberalización de las telecomunicaciones en España. Las biografias de Villalonga y Alierta no profundizan en sus gustos lectores, si es que los tienen, de forma que no puedo asegurar que Telefónica haya diseñado su servicio de humillación del cliente siguiendo a las novelas del checo, pero cabe en lo posible: quizás las mujeres de sus ejecutivos si hayan leído cosas. La manera en la que están adiestrados los operadores sudamericanos para sacarnos de quicio sin resolver jamás nada sería un delito en cualquier lugar donde la salida natural de un ministro cuando deja de serlo no fuera un despacho de una gran empresa del ramo cuya actividad ha tenido que regular para el supuesto beneficio de los ciudadanos. Lo que no es nuestro caso, naturalmente.

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