Ciudad para peatones

Publicada el 19 de marzo de 2010 en El Día de Cuenca y otros, supongo.

Y Cuenca nunca ha sido una ciudad para enamorados, como lo prueba que los poetas hayan hablado de las hoces, de los ríos y de los grajos y no de lo que hablan los vates en todas las partes del mundo. A lo sumo, los versos de por aquí dan para ocuparse de los capuces, cuya visión fantasmal en las noches de primavera pone la libido a la altura de la fosa de las Aleutianas. Los alcaldes son los culpables de esto, naturalmente. Ellos son los que han permitido una ciudad de calzadas anchas y aceras estrechas, incluso cuando no había coches para llenar aquellas. ¿Qué pareja de enamorados puede pasear por Colón, Ramón y Cajal, Cervantes, Calderón.., calles céntricas todas ellas, sin tener que soltarse de la mano o deshacer su abrazo cada dos por tres porque otro viandante, una sola persona, se acerca en el sentido opuesto? Pulido pasará a la historia de la ciudad por muchas cosas pero ninguna tan perdurable como haber empezado a devolver la ciudad a los peatones. Es curioso que un alcalde de derechas haya utilizado el dinero de un presidente de izquierdas para desarrollar una política que parece de los ecologistas. Pero bienvenida sea su iniciativa de poner obstáculos a los coches y malhadados los empeños de quienes solamente ponen micrófonos a los conductores para que se quejen. La ciudad tiene que ser para las personas y los coches que se queden en las afueras. Ahora sólo falta que el consistorio se convenza de que Carretería no es el paso obligado a ninguna parte para que se peatonalice con sus aledaños y tengamos algo más paecido a una ciudad que al corredor de una pensión para transeúntes.


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