¡Chúpate esa!

Publicada el 24 de julio de 2009 en El Día de Cuenca y otros, supongo.

En el descanso de una trifulca entre Aramís Fuster y Belén Esteban («chúpate esa», le decía ésta a aquella y se daba la vuelta ofreciéndole la espalda y buscando el vítore del público: el mío lo tuvo, tan buenos recuerdos me trajo a mi infancia de barrio-barrio) vi unos minutos en algún canal imposible de la tedeté. Allí glosaban las tareas de médicos desplazados voluntariamente a cualquier selva africana para curar a los negros los ojos, las piernas, las pústulas o las diarreas. En lo que duró el descanso escuché a media docena de médicos -tan rápido pasaban de uno a otro, para que la falta de ritmo no me invitara al zapping- y uno de ellos, sesentón y con cara de haber hecho algo en este mundo (la cara que me gustaría tener cuando llegue a sus años) decía sentir vergüenza por el mundo desarrollado cuando comparaba nuestros medios y los que tenían en ese agujero del trópico. ¿De cuántas otras cosas tendríamos que avergonzarnos, me dio entonces por preguntarme? Cada semana me salen una o dos. Por ejemplo, que al derroche le llamemos salir de la crisis, venga a romper calles y aceras sólo para gastar el dinero que nos dan. O, por ejemplo, lo miserables que son los (dueños de los) bancos, que se pasan por allí el euroíbor al uno con cuarenta. Hablando de todo un poco, no sé si ha leído usted la noticia, escondida con este calor, de que en Castilla-La Mancha el gobierno pagará a los alumnos que se matriculen en Formación Profesional. No es que se les beque. Es que les dará dinero por matricularse. Luego veremos si estudian. Chúpate esa.
(¡Por Dios, que nadie se ofenda! Ya digo que es lo que decía la Esteban a la Fuster. ¡Cómo me lo pasé con ese programa!)

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