Cadena perpetua

Publicada el 27 de febrero de 2009 en El Día de Cuenca y otros, supongo.

Ha cogido Zapatero la costumbre de recibir a los padres de las jóvenes asesinadas en España. Sin duda es un gesto que le honra, como le honraría recibir con la misma presteza a los timados por los tiburones de las finanzas, los deudos de las asesinadas por los maridos, de los atropellados por conductores borrachos y de los muertos por disparo de cazador siendo las víctimas cazadores también. Lo que pasa es que entonces Zapatero no trabajaría en otra cosa, suponiendo que esto que describo sea un trabajo. Comprendo que en esta democracia del siglo veintiuno en la que la principal tarea de los ministros es conceder entrevistas exclusivas a todo el mundo, transmitir la idea de que el presidente está cerca del ciudadano es imprescindible, por más que sea falsa de necesidad. Pero recibir a alguien que te va a pedir el cielo (o mejor, el infierno) sabiendo que te lo va a pedir sirve para que puedan albergarse esperanzas de que a la petición le seguriá la concesión. En el caso que nos ocupa, el de la cadena perpetua para los
asesinos de chicas jóvenes, ni siquiera consigo comprender la razón por la que un asesinato deba ser considerado de forma diferente a otro. Quizás alguien piense en aplicar una proporcionalidad directa entre la pena infligida al delincuente y la esperanza de vida de la víctima, pero eso sería mezclar el Derecho con la Geografía, algo que seguramente no tendrá precedentes, pies ni cabeza. Pero, además, la medida es completamente inútil porque condenar a este asesino a cadena perpetua no impedirá que cualquier otra joven sea asesinada cualquier día de estos. Otra cosa es que el código penal deba regirse por el principio de venganza, que no lo sé. Pero eso es, como digo, otra cosa.


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