Asesores

Publicada el 9 de septiembre de 2010 en El Día de Cuenca y otros, supongo.

S
e dice que Adolfo Suárez se rodeó de media docena de asesores y se comprende que haya seis o siete asuntos de los que no entienda un presidente del gobierno. Pero desde entonces la figura del asesor es la que más éxito ha tenido en la administración, como los insectos entre los seres vivos, y hoy son tantos que podrán contarse por decenas y quizás centenares de miles. El asesor es una figura de lo público porque en la privada al que no sabe hacer algo no se le da un puesto de trabajo, a diferencia de lo que parece hacer el Estado, que lo contrata a él y a una pila de asesores. Claro, que se dice que si los que enseñan a hacer algo son los que no saben hacerlo, los asesores deben de ser los que ni saben hacerlo ni saben enseñar cómo se hace. Seguramente eso explicaría el curioso fenómeno de que si hubiese una huelga de asesores no se enteraría nadie, salvo el de la cafetería de al lado. Pero eso es una opinión. Los datos dicen que existen instancias administrativas con un número de asesores enorme. Tan grande que probablemente lo mejor sería cerrarlas, ya que no parece sensato tener abiertos organismos tan difíciles de gestionar que necesitan muchos jefes, muchos funcionarios y una legión de asesores, empleados eventuales cuyos conocimientos no valdrán nada cuando cambie el gobierno. El colmo -me lo contaban el otro día- es cuando se designa a un asesor antes de saber a quién va a asesorar. Personas abocadas a no saber dónde estarán sus mesas, sus oficinas y ni siquiera el nombre de los jefe a quienes tendrán que asesorar. Personas, eso sí, de gran entereza y vastos conocimientos, capaces de asesorar a quien le pague por hacerlo.

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