Álvarez Cascos

Publicada el 06 dee enero de 2011 en El Día de Cuenca y otros, supongo.

 

Dice Alvarez Cascos que al PP Asturias le importa un comino. Y lo dice porque no lo han designado a él como candidato a las próximas elecciones autonómicas. Si Asturias le importase a Rajoy y Cospedal, viene a decir, lo hubiesen capitosteado a él (y eso que el verbo capitostear todavía no debe de existir). Por la propiedad transitiva que me enseñaron en la escuela, y a la que todavía no le había encontrado utilidad, deduzco que Álvarez Cascos cree que Asturias y él son lo mismo. Como salta a la vista que Asturias es una provincia y Alvarez Cascos no, tengo que pensar que este hombre ha enfermado de megalomanía, un mal de difícil tratamiento que ataca a quienes creen que Superman es un aficionado. Alonso Quijano tenía algo de eso, aunque lo salvaba la poesía de sus batallas perdidas. Desde entonces ha habido muchos, y casi ninguno de buen recuerdo para los demás. Diríase que Cascos quiera seguir, aunque muy de lejos, la estela de su jefe, Aznar I el Esclarecido, a quien el planeta se le ha quedado pequeño y pronto pontificará sobre el Orden Universal. Pero visto desde el punto de vista de los mortales, no deja de ser un tipo que, en lugar de pescar salmones y jugar con los nietos, prefiere volver a mandar donde le dejen. Más que Superman parece un pobre hombre, presa de sus ambiciones más mezquinas. Alguien de quien no merece la pena hablar. Ni siquiera en Cuenca, este rincón del país del que dicen que tiene avetren porque un día así lo dispuso él y que bien podía habérselo pagado poniéndole su nombre a la estación o, por lo menos, a uno de sus andenes.

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