La mirada vacía

Se cuentan casos de grupos enteros de estudiantes colgados durante toda una clase del ritmo de aprendizaje que iba marcando el profesor. Son pocos y forman parte de la leyenda. Son los que han hecho Historia, como se dice ahora por cualquier idiotez del estilo de haber rematado de cabeza dos veces seguidas. Algunos de esos casos podrían enseñarse en las Facultades de Educación, si estas tuvieran algún interés por saber qué cosa es un aula de carne y hueso, ladrillos y mesas.

    Es mucho más normal que el entusiasmo del profesor se dé porque cuatro o cinco alumnos hayan mostrado un razonable interés durante buena parte de la sesión, no vamos a decir toda ella. Lo habitual, sin embargo, es que no haya sesión para el recuerdo, como  no siempre hay una pared mejor enfoscada que otra o una jornada de Bolsa realmente memorable. El trabajo es el trabajo y punto.

    Claro, que cabe decir que si aprender fuera una tarea divertida, no se haría en los institutos a plena luz del día sino en las plazas públicas a las tantas de la madrugada.

    Pero todo tiene su colmo. Su hipérbole. Son esos alumnos que no le conceden cinco palabras del profesor a su oportunidad de escuchar algo nuevo. Cinco, y escribo de manera literal. La experiencia de este año está siendo impagable, por utilizar una frase hecha, de esas que detesto. Alumnos que hablan, opinan, dicen... cuando la clase está en sus preliminares y que cuando el profesor empieza el relato didáctico dejan la mirada perdida antes de esas cinco palabras. Chicos y chicas que no permiten que llegue el aburrimiento porque se atrincheran en el limbo de sus pensamientos antes de que las cosas sean difíciles o incomprensibles. Vamos, antes de que lleguen a saber si lo son o no. Chiquillos que renuncian a conocer otras cosas distintas de las que saben porque no quieren asumir el riesgo de lo que cuesta conocerlas y porque parecen sentir una desconfianza innata hacia el saber. A su corta edad son los grandes expertos de la  mirada vacía, los dueños del para qué quiero yo saber eso.

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