¿De qué página a qué página?

El artículo de prensa acerca al público en general información sobre los nuevos usos que internet debe traer a las escuelas. Los expertos dicen que pasamos tres meses al año conectados a la red y que, en consecuencia, el estudiante debe desarrollar la capacidad de encontrar y compartir información. Aún más, la escuela, se dice, no desaparecerá por su papel de custodio de los más pequeños, no porque sea realmente necesaria para transmitir información.

 

El profesor somete el artículo a consideración de sus alumnos, que son de los buenos, de los que mayoritariamente quieren ser universitarios, y les lanza preguntas sobre si esos investigadores son de este mundo o sus datos y su experiencia los traen de Marte. Les pregunta si están de acuerdo en que la clase sea el lugar donde se dé forma a los conocimientos que pueden adquirirse en múltiples fuentes: los programas de meteorología, documentales sobre medio ambiente, noticias de prensa o televisión sobre demografía... Por qué estudiar el concepto y la evolución de la población activa en la versión estática del libro en lugar de hacerlo aprovechando la información exhaustiva que se vuelca cada pocos meses al calor de los datos de la EPA... o consultando en directo la misma página estadística.

 

Los alumnos asisten satisfechos al interrogatorio por lo extemporáneo, la gracia con la que el profesor les hace preguntas inverosímiles y porque la clase tiene pinta de convertirse en una de esas sin contenido que memorizar. Seguramente solo por eso.

 

Cuando termina la clase, y puesto que en un par de semanas habrá examen de evaluación, ese alumno despierto que ha estado atento de principio a fin levanta la mano y pregunta:

 

- Profesor, para el examen, ¿de qué página a qué página entra?

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