Hierba

La marihuana es el tótem del grupo. La mera escucha de la palabra provoca un cambio de actitud solo comparable al que experimenta la tribu en presencia de la divinidad, al de las fans cuando se acerca el ídolo pop. Los miembros del grupo son expertos en su cultivo, preparación y venta. Unos han tenido plantaciones y los otros saben cómo se hace. Conocen las propiedades de la planta, cómo acelerar su crecimiento. Los relatos en torno a la especie van desde la comparación de quién ha visto la más grande o el bosquecillo más tupido hasta la hazaña del que ha transportado algunas plántulas o un ejemplar que ocupaba todo el coche, desde el parabrisas hasta el portón trasero. También saben cómo se convierte la rosa en el residuo alucinógeno, la cantidad que sale de cada una, lo que puede obtenerse en una venta. Todos están actualizados en materia de mercado. Los precios y las calidades, los puntos de venta. Hacen cálculos de rentabilidades, lo que les costaron unas semillas y lo que obtuvieron cuando vendieron el producto. No parece el negocio del siglo, pero negocio es a su escala, la de adolescentes todavía interesados en los cambios shimano de la bicicleta. Nadie admite consumir sin control, aunque a media mañana se adivina en algunas miradas. Todos, no obstante, admiten que lo han probado. En el pasado, eso sí, la consumieron en el pasado. Como si tuvieran décadas de pasado. Les fascina (o fascinaba) la sensación que se logra cuando se aspira el humo. La quietud. La felicidad. Flotar en el aire. Dejar de ser uno mismo. El flower-power pero sin poesía ni romanticismo. Bueno, digamos mejor que son los posos de todo aquello aspirados en el recibidor de la marginalidad. Y en el patio del recreo.


Escribir comentario

Comentarios: 0