Cosificando a Podemos

Podemos en general y Pablo Iglesias en particular se están convirtiendo en el pejeril de todas las salsas. En casi todos los programas de las televisiones privadas o está Marhuenda o está él o están los dos. Los celos de la vicepresidenta del gobierno, entre otros políticos, por la cámara que chupa Iglesias sería digno de considerar si no mediaran dos puntos básicos. El primero, que Iglesias no sale en los informativos sino en los debates. No en el pan sino en el circo. El segundo, que quizás Iglesias corra el riesgo de convertirse, a los ojos del público, más en un personaje de televisión que en un político de verdad. El otro día la Sexta lo invitó a uno de sus programas por enésima vez y en el catálogo de preguntas (agotadas las que se le hacen siempre) empezaron a aflorar cuestiones personales que acercaban la entrevista a la que podía hacerse a Paquirrín. Terminado este bloque, la presentadora volvió a pasar la parte del debate que había mantenido con él uno o dos días antes Esperanza Aguirre y le invitó a replicarla de nuevo, en una idea digna de la más habitual telebasura.


Iglesias salió indemne de estas agresiones. Más aún: se negó a repetir lo que le había dicho a Aguirre y a continuación le pidió a la presentadora que lo dejara ir a trabajar, afeándole con elegancia una idea tan poco profesional.


No obstante, diríase que existe en esa cadena una cierta tentación de cosificarlo a él y a sus ideas para mantener su perfil de televisión contraria al gobierno, como existe en otras la costumbre de invitarlo para que los contertulios de la derecha se vayan a casa convencidos de que son estupendos, a pesar de todas las evidencias. Yo fui de los que no conocía a Pablo Iglesias cuando llegaron las elecciones europeas, pero a estas alturas ya le he oído repetir sus ideas algunas decenas de veces, de manera que, aunque esté de acuerdo con su mensaje, como lo estoy, empezaré a cambiar de cadena cuando lo vea aparecer en pantalla. Lo haré para escuchar alternativas que cotejar o que criticar, pero me da miedo pensar que habrá muchos que cambiarán de cadena cansados de ver siempre al mismo tipo diciendo las mismas cosas, convertido, como digo, en una suerte de animal televisivo que, como cualquier otro, se quemará y dejará de ser relevante.


Lo que, en mi opinión, sería muy malo para este país.

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