Marchas de la dignidad

Un chino interpretando al saxofón A las barricadas; un par de colegios convertidos en un grupo de samba de calle con director de orquesta y jefa de escenografía; una charanga asturiana cantando chascarillos; otra, interpretando el Sobreviviré de los de Wyoming; mineros de rostro recio y sus familias, siempre al lado por aquello del tópico, arrancándose con el Santa Bárbara bendita; bomberos con el traje de faena desfilando como estrellas de cine; los de Gamonal, recogiendo orgullosos los aplausos por la taea hecha; jóvenes de caras claveteadas y embozadas en palestinas y pasamontañas; anarquistas rojinegros nuevos y viejos; rostros de barbas luengas, pocos dientes y arrugas prehistóricas; los heridos por la Coca-Cola y Panrico; rostros cetrinos de campesinos sobrecogidos por el escenario; los pillados por las hipotecas; los yayoflautas; los de la izquierda marginal, comunistas de no sé qué; manifestantes mostrando su dependencia manifiesta mientra abanderan pancartas; banderas, muchas, muchas banderas; un nostálgico con una que pone 15-M, quién se acuerda de aquello...  miles de personas bajo estas rúbricas y muchos miles más sin ninguna de ellas: solo gente que no se ha leído ningún manifiesto pero que está hasta el gorro de todo esto y sale a la calle sin insignias, sin pegatinas, sin gorros ni escarapelas, decidiendo que es hora de pasearse a cuerpo aunque no hayan leído nunca a Celaya.

          Pero, ay, resulta que son tantos los agraviados y lo son de tan diversas formas que, si les fuese dado gobernar, las urgencias de cada uno arruinarían el intento de resolver las de todos, como ya ocurrió en 1931, mientras que los que están enfrente lo tienen mucho más sencillo porque coinciden en el mismo objetivo, que es seguir quedándose con todo.

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