Patriotismo de perfil bajo

O Cervantes destiló el espíritu español y creó a Alonso Quijano como el mejor epítome de lo patrio, tan gallardo como ingenuo, o desde que Cervantes tuvo la ocurrencia, siempre hay algún español que encuentra motivos para emprender batallas sin triunfo posible. Ahora el juez Moreno pide que se detenga a cinco ex-peces gordísimos de la China reciente por ciertas barbaridades cometidas en Tíbet. De entre los más de doscientos Estados que hay en el mundo ha sido en el nuestro donde a un juez se le ha ocurrido que hay que poner orden en lo que pasó en el Himalaya. Puro quijotismo, ya digo.

     La reacción china no se ha dejado esperar y desde Exteriores (desde los de allí) se ha recomendado que el gobierno español maneje el asunto de forma apropiada. O sea, que le diga al juez, oiga, que eso que ve allí son molinos, no gigantes, y que si sigue usted por esa línea nos van a moler a todos (que es lo que hacen los molinos) y no solo a usted, que los chinos son muchos y poderosos y nosotros pocos y necesitados.

    Nuestro gobierno de derechas, que tampoco habría aprobado la garzonada de Pinochet, y muchos habrían pensado que por afinidad ideológica (fue Garzón el que empezó a perseguir malandrines por el mundo), ha decidido que a grandes problemas, grandes soluciones, y está a punto de mandar al Congreso una ley que diga que aquí no nos ocuparemos más de la justicia universal, que se ocupe de eso Dios o alguien con tronío semejante, porque nosotros tenemos bastante con lo que tenemos, y no es poco.

     Lo que pasa es que esa medida deja con el culo al aire a José Couso y Julio Anguita, españoles que fueron asesinados en una guerra sin ser guerreros, sino periodistas. Y si eran españoles y si los mataron para informarnos a los otros españoles de lo que estaba pasando en Irak, han merecido siempre que el Estado se preocupase más por ellos; o sea, porque se condenase a los culpables de los asesinatos. Y lo que no se merecen, en absoluto, es que este gobierno tan de derechas y tan patriótico los deje tirados para siempre en el limbo de los que murieron a manos de los que ganaron la guerra, porque otra cosa hubiera sido si los hubieran matado los que perdieron, no nos quepa duda.

     Que la procesión de defensores de la vida, de la justicia, de la patria y de la misa diaria que compone este gobierno deje de utilizar grandes palabras porque detrás de ellas hay menos principios que excusas con las que paga lo que adeuda a los obispos, a los amos de las perras y a otras especies similares.

Escribir comentario

Comentarios: 0