La llave está en la lengua

¿Cuántos años han de pasar para que un español se tropiece con palabras como afiliación, convenio, emancipar, hostiles, instigar, languidecer o sindicalismo


De la respuesta que demos depende en gran medida el diagnóstico que hagamos de nuestro sistema educativo. Los redactores de un buen libro de Bachillerato consideran que dieciséis. Piensan que, a esa edad, los españoles ya se saben manejar con tales significados. Supongo que los autores no someten a sus textos a ninguna prueba para saber si el lenguaje es adecuado. Por una parte, porque, a diferencia de los consumidores de medicamentos, la vida de los estudiantes no corre peligro si el producto que consumen no es estricamente el que corresponde a su edad. Por otra, porque la expresión «lenguaje que corresponde a su edad» es una idiotez y, por fin, porque uno de los papeles del profesor es explicar el nuevo vocabulario. Si el alumno nunca se enfrentase a palabras nuevas, estaría toda su vida repitiendo mama y papa.

En todo caso, entre los míos son más los alumnos que no conocen ninguna de esas palabras que los que las conocen todas, lo que debemos admitir que es un problema para ambas partes, y sobre todo para la que tiene que aprender porque esas siete palabras se encuentran en apenas dos párrafos y el libro tiene muchos cientos de ellos. 

Pero no solo por eso. Hace varias décadas, un tal Bernstein encontró que el fracaso de los alumnos correlaciona con su manejo del lenguaje. Bernstein decía que los trabajadores utilizan un código restringido y la clase dirigente un código elaborado, y que el primero lleva al fracaso y el segundo al éxito académico. La definición que Bernstein hace del elaborado me permite incluir en él a languidecer, hostiles e instigar, lo que hace que me preocupe por mis alumnos y su futuro. Pero mi preocupación aumenta si consideramos que las otras cuatro palabras han formado parte del léxico del obrerismo desde sus orígenes, lo que coloca a mis estudiantes en verdaderos outsiders. O se ponen las pilas, en la expresión al uso, o van apañados...

Bien. Y ahora en serio. La llave está en la lengua, no la busquéis en otro sitio.

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