Penes

Ignoro el paso que lleva de la pulsión sexual desenfrenada del adolescente a la tentación de dibujar por doquier atributos sexuales, generalmente fálicos. Por algún extraño sobreentendido siempre di por supuesto que los autores de estos dibujos eran los chicos.

    Lo que hacían -me decía yo- era ufanarse de aquello que poseían; representar en pizarras, paredes, bancos y otros soportes el objeto de su singularidad en un mundo dicotómico (o lo tienes o no lo tienes); invocar a las fuerzas de la naturaleza para que el órgano les fuera propicio, al modo en el que se suponía que dibujaban bisontes los hombres de las cavernas; amenazar, recordar o, en fin, prometer a las chicas de clase, del barrio o del resto de la Humanidad la violación o el placer sin cuento ni límite.

     El hecho de que rara vez se represente la vagina en estos grafitis no sé si más guarros o más cutres abonaba mi idea. No se trataba de que el órgano femenino fuera menos singular, representable o estético, sino del desinterés de las chicas por mostrar qué es lo que las caracteriza a ellas. En el universo mental de mi generación, las chicas no tienen que invocar a nadie para que su sexo les sea propicio ya que son las que disponen que la cosa ocurra. Basta con que ellas quieran para que todo se desencadene y que no quieran para que los chicos tengan que recurrir a pintar paredes.

     Sin embargo, las cosas no son como parecen. El otro día descubrí que los dibujantes de príapos son indistintamente chicos y chicas y, para aventar toda duda de sospecha clasista, diré desde el principio que todas las chicas son artistas potenciales. Todas. O sea, también las modosas con pinta de costureras, ahora que está de moda el oficio, cara de no haber roto un plato, estudiosas como ellas solas e hijas modélicas de padres que se quedarían con la boca abierta si viesen cómo matan el tedio que les sobreviene en las clases de Historia, es un decir.

    Naturalmente, el descubrimiento me lleva a preguntarme qué mueve a las chicas a dibujar penes chorreantes con la misma unción que hacen los chicos: ¿la estética?, ¿el deseo?, ¿el sentimiento de ausencia, tan freudiano y a estas alturas?, ¿el poso del machismo?, ¿la reivindicación de la igualdad, extrañamente aplicada al método y al motivo con el que se ensucia el mobiliario?

     Yo no lo sé, pero ahí dejo el tema de la investigación psicosocioantropológica.

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