Lunes a primera

Está muy extendida la idea de que la última clase de la semana es prácticamente inhábil. Los alumnos están cansados, presienten la libertad como el perro cuando el dueño coge la correa del perchero y el profesor está harto de chiquilicuatres con ganas de pendencia. Los responsables de organizar horarios colocan en ese espacio asignaturas de menos sustancia y a los profesores de la oposición, para que se jodan, o a los que nunca dicen nada, para evitarse peleas con los que sí. Son los minutos de la basura.

Sin embargo, siempre es posible organizar las cosas para mantener la cabeza de los estudiantes donde queremos que esté: un juego, una tarea grupal, un audiovisual, una perfomance del profesor más trabajada... recursos todos ellos, y otros más que pueden inventarse, que jamás funcionan en la primera hora del lunes. Con diferencia, la peor hora de la semana, al menos a partir de cuarto de ESO.


Los alumnos llegan como si se hubiesen dejado el cerebro en casa durante el fin de semana y acabaran de implantárselo. Los pocos que miran al profesor lo hacen con la mirada hueca de un poseído o de un pobre bobo. Otros aparecen con los ojos hinchados, como recién despertados de una inmensa borrachera. Ninguno recuerda nada de la semana pasada, que parece haberse convertido en algo tan improbable como una vida anterior. Todos parecen haber perdido el habla y las ganas de recuperarla.


Solamente un examen puede enmascarar semejante situación de parálisis colectiva, pero no hace falta vivir de la enseñanza para comprender que esa no es la solución razonable. Se me ocurren dos. Una, empezar la semana una hora antes con una clase ficticia, una hora en blanco pero de asistencia obligatoria que serviría para poner en marcha el motor de las criaturas, como el viejo starter de los coches los hacía funcionar después de un cierto tiempo. Otra, empezar la semana una hora más tarde y alargar la mañana ese período o bien desplazar la infausta primera sesión a un horario vespertino extarodinario.


Naturalmente, estas propuestas tampoco son razonables y no es posible llevarlas a cabo. Pero que se conozca que tampoco lo es aprovechar la primera sesión de cada lunes.


Escribir comentario

Comentarios: 0