Errores de cálculo

Uno

 Una alumna entrega su examen de septiembre y pregunta cuándo sabrá su nota. No ha contestado ni a la mitad de las cuestiones y es más que previsible que las respuestas disten mucho de ser perfectas, así que no parece posible nada más que un resultado.

    Cualquiera fuera del ámbito académico diría que la pregunta es ociosa, pero la alumna, que tiene una larga experiencia en el instituto, sabe que para aprobar una asignatura tener un examen correcto no es el único requisito. No es que hagan falta más, sino que quizás ese no sea imprescindible. No sabe muy bien qué es lo que ocurre en la cabeza del profesor o en la maquinaria docente o administrativa del centro, pero sí sabe que a ella ya le ha pasado otras veces aquello de encontrarse en los boletines notas más altas de lo esperado. A ella y a todas sus amigas y amigos, así que, a lo mejor -llega a pensar-,  lo que razonablemente puede esperarse no es siempre lo que termina ocurriendo.


                Dos

    En uno de los sillones el pasillo, una alumna llora a moco tendido. En los despachos se ve un cierto trasiego de alumnos y madres que salen y entran. Lo hacen con caras serias, a veces congestionadas.

    En la mayoría de estos casos se ha producido un error de cálculo. Los alumnos han calculado mal. Ellos saben que con dos asignaturas suspensas se promociona y, si cumplir su oficio de estudiante se les hace cuesta arriba, en las primeras semanas abandonan con mayor o menor sutileza una o dos asignaturas. Saben que aprobarlas durante el curso siguiente será más fácil, aunque esto tampoco se entienda muy bien fuera del ámbito académico.

    El problema que hay tras los llantos y las madres intercesoras es que finalmente han sido tres los suspensos y el chico no promociona sino que repite, y como las circunstancias que han desembocado en los suspensos son las que son, no puede darse el desconocido mecanismo redentor de la primera escena.


                                                  Tres

 Si estamos al final del camino podemos arriesgar hasta el límite. Podemos abandonar una asignatura durante todo el curso y olvidarnos de ella hasta la última semana antes del examen septembrino. No es necesario sabérsela de pe a pa. Se trata de demostrar que se ha hecho algo, aunque sea un poco. Con una sola no nos van a suspender, ¿verdad?, no nos van a cortar el paso a la Universidad, a nuestro futuro, ¿verdad que no?

    Alguna de esas caras súperserias, de esos llantos, de ese ir y venir responden a este último error de cálculo.

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