Más huevos

En realidad, estábamos esperando la noticia. Lo veíamos llegar desde que descabalgamos al vaquero de Marlboro. La excusa fue el tabaco, tan dañino, pero no había que ser aspirante a Nobel para darse cuenta de que se trataba de una operación harto más compleja, del barrenado de todo el edificio. Quince o veinte años más tarde, los varones hemos reconocido que nuestros valores (pongamos la ambición, el éxito social, la fuerza) no solo no son los únicos sino que no valen gran cosa medidos con la ternura, la vida familiar y la resistencia. El espectáculo que brindan gobiernos y parlamentos por llenarse de mujeres es solo un estertor, bastante patético, de un modo caduco de entender la vida. Los hombres tratan de atraer a su campo a las mujeres no por justicia sino en un postrer intento de mantener el tinglado, semejante al que tuvieron que recurrir los romanos cuando reclutaron generales y emperadores entre los bárbaros para entibar el arruinado edificio del imperio.

     Ahora la ciencia ha comprendido que ha llegado el momento de poner las cartas boca arriba y por fin lo ha dicho: el índice de testosterona guarda una relación directamente proporcional con el riesgo de padecer cáncer de próstata. Ningún descubrimiento científico ha sido inocente y éste lo es menos que muchos otros. Dejando aparte su indemostrable eficacia como estrategia futbolística, resulta que tener más huevos solo sirve para morirse antes.

     No me cabe duda de que esta noticia es solo la primera de una larga cadena, que  nuevos descubrimientos se sumarán a éste y otras patologías se asociarán a tener en exceso "lo que hay tener". Los varones estamos condenados, pues, a una existencia tanto más breve cuanto más varones seamos, a diferencia de lo que ocurre con las mujeres, seres más cabales a quienes los problemas se los proporciona la ausencia y no la exuberancia de la progesterona. Sin llegar al extremo de la mantis religiosa, cuyos machos se ofrecen voluntariamente como primera proteína para alimentar a su descendencia, todavía casi en proyecto, el destino de los varones parece bien lúgubre a la luz de la biología. Desde esta semana sabemos que ser más hombre es sinónimo de serlo durante menos tiempo. Ojalá pudiéramos elegir nuestros niveles de testosterona. Yo, desde luego, lo tendría claro.

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