Celo

Una gata con la que comparto el sillón de ver los partidos de fútbol está en celo por estos días. Para las personas, que estamos en celo más de media vida y de forma ininterrumpida, es éste un fenómeno extraño que, bien pensado, puede plantearnos graves interrogantes sobre el sentido de nuestra existencia. En cuanto a los gatos, la naturaleza exige que se apareen decenas de veces durante unos pocos días para que la especie garantice su supervivencia y esto da lugar a escenas de promiscuidad que, vistas con ojos humanos, resultan punto menos que repugnantes: una gata está siendo montada por un gato y, a su alrededor, ocho machos esperan a que éste termine para ocupar su sitio.

     Aunque asumo que la gata que vive conmigo no es "mi" gata, reconozco que me produce un rechazo no sé si paternal imaginar al animal participando en una orgía como la que he descrito, incluso a plena luz, a la vista de mis vecinos: qué pensarán que ve la gata en casa. Así que, con discernimiento vaticano, le he recetado abstinencia rigurosa y lleva la pobre cuatro días sin salir de casa. Está inquieta: se asoma a cualquier ventana con la contumacia de un insecto, se revuelca en la alfombra de estera de coco, se queda dormida en lugares inverosímiles y maúlla sin parar un quejido lastimero que me pone los pelos de punta, sobre todo por la noche, a la hora de las brujas.

     Seguramente, si supiera hacerlo me pediría que la dejara salir para refocilarse como el animal que es, pero yo sé lo que le conviene y le hablo quedamente sobre ello. Eres muy joven, le digo. Lo que te pasa es solo tu primer celo. Tiempo tendrás de disfrutar de esos placeres de la vida, pero es mejor para ti que sea a su tiempo y con un gato apuesto y no con cualquiera de esos ganapanes que andan por el barrio, y  menos con todos ellos, vete tú a saber qué te pueden pegar.

     Sé que mi tarea es ingrata, que es como predicar el sexto mandamiento entre los bosquimanos, pero, en el fondo, la gata sabe que lo hago por su bien. La prueba es que no me guarda rencor porque de vez en cuando viene a ronronear a mi regazo.

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